Ir a la carta
CartassoArchivo

La primera crítica  ·  Buenos Aires, 27 de mayo de 1955

«En síntesis: usted irá muy lejos». Elías Castelnuovo a Juan José Cartasso

Cartasso tenía treinta y un años y acababa de colgar sus primeros grabados en el pequeño hall de un teatro de la calle San Martín. Una noche entró a ver una obra de teatro un escritor que ya era una institución —uno de los fundadores del grupo de Boedo— y, de paso hacia la salida, miró los grabados. Una semana después llegó esta carta. Es la primera crítica que recibió el artista, y la conservó toda su vida.

El origen

Mayo de 1955

Recién egresado de la Cárcova con el título de profesor superior, Cartasso recibió una invitación de Eduardo Baliari, crítico de arte del diario Clarín, para exponer sus grabados en el teatro Los Independientes —San Martín 766, hoy Teatro Payró—, la sala pequeña que había creado el dramaturgo y actor Onofre Lovero. La muestra iba del 2 al 18 de mayo. Al frente estaba la salita de exposiciones; para salir del teatro había que pasar por ella.

Entre esos días, Elías Castelnuovo fue a ver la puesta de una novela de Roberto Arlt. Vio los grabados «obligado por el paso a la salida», como escribiría Cartasso muchos años más tarde. Terminada la exposición, llegó la carta.

Confieso mi error al no contestar, ni agradecer su vivencia y seguridad de mi destino. Nunca lo vi personalmente; la culpa se la echo a mi juventud. Y ahora, en mi vejez, quiero modestamente hacerle un homenaje de agradecimiento al gran escritor argentino.

Juan José Cartasso, medio siglo después, en «La historia y técnicas del grabado»

El documento

La carta

Buenos Aires, mayo 27 de 1955

Compañero Cartasso:

Noches pasadas, mientras asistía a la representación de la transcripción de una novela de Arlt, tuve ocasión de presenciar en «Los Independientes» su muestra primigenia. No leí hasta ahora ninguna crítica de su exposición. Aunque la crítica que se suele hacer entre nosotros, no me interesa. Le digo, no obstante, que usted ha comenzado muy bien, si este es su comienzo, y que ha elegido el mejor de los caminos. El camino de la vida y de la realidad. Por allí ni usted ni nadie se extraviará nunca. Tiene usted dos antecesores valiosos en su arte, a quienes conocí yo personalmente. Uno, aquí y otro en Alemania. Kathe Kolwich y Guillermo Facio Hebequer. Como continuidad de un movimiento nacional, y como amigo, se puede imaginar que me emociona más que usted siga las huellas de nuestro pintor desaparecido y no de la desaparecida artista alemana. Dado que tanto una como el otro estaban dentro de una misma corriente revolucionaria, también me imagino que esta misma tendencia a usted no le es ajena. Por lo cual me alegro. No es posible, por supuesto, pintar la vida y la realidad y no participar del proceso social que sufre de continuo la realidad y la vida.

No pretendo, sin embargo, atribuir sus méritos exclusivamente a la elección de sus modelos o a su orientación ideológica. No basta con aprenderse el socialismo para ser socialista. Ni basta con ser socialista para ser artista. Usted revela, en primer término, una gran fuerza y firmeza para traducir sus verdades artísticas. (Las verdades artísticas no son más que las verdades comunes vertidas artísticamente). Luego, se emociona auténticamente frente a la materia que le sirve de vehículo de expresión. Se coloca ante sus personajes con la seriedad que ellos se merecen por tratarse, no de personajes, sino de personas. El respeto por el arte, también no es más que el respeto que siente el artista por la humanidad. Asimismo, posee usted un carácter fuerte, vigoroso y definido. Es decir: no sólo marcha usted por una senda, sino que sabe por dónde y por qué marcha. No camina tanteando la atmósfera o el suelo. Pisa con seguridad y se mantiene derecho. Su pensamiento, por lo demás, es claro. Se entiende perfectamente lo que dice y lo que hace. Se alejó, para su salud moral, de todo jeroglífico, de toda elucubración cabalística. Sus obras no requieren explicaciones metafísicas para ser asimiladas. Se explican por sí solas, que es la única explicación que puede admitir una obra de arte. No necesita usted la presencia de exégetas y papagayos.

Otro rasgo que se destaca de su producción es su humildad. También éste como camino no es despreciable. No se llega al corazón de los humildes sino se tiene un corazón parido y trabajado en la humildad. Pese de que no aparece en su muestra la figura de Cristo por ningún lado, le digo que su alma está presente en todos sus cuadros. Otro tanto le ocurría a Guillermo Facio Hebequer, incluso cuando ilustraba «Bandera Roja». Y si me apura mucho, le digo que a Kathe Kolwich le ocurría lo mismo. Eran dos frutos evolucionados del cristianismo. Dos Cristos modernos.

En síntesis: usted irá muy lejos.

Un saludo fraternal Elías Castelnuovo

Transcripción literal del original mecanografiado que conserva la familia. Castelnuovo escribe «Kathe Kolwich» por la grabadora alemana Käthe Kollwitz (1867–1945); «nuestro pintor desaparecido» es Guillermo Facio Hebequer (1889–1935), del grupo Artistas del Pueblo, muerto veinte años antes de esta carta.

Primera hoja mecanografiada de la carta de Elías Castelnuovo, fechada en Buenos Aires el 27 de mayo de 1955.
El original, primera hoja
Segunda hoja de la carta, con la frase «En síntesis: usted irá muy lejos» y la firma de Elías Castelnuovo.
La segunda hoja, con la firma

Quién escribía

Elías Castelnuovo

Retrato fotográfico de Elías Castelnuovo ya anciano, de traje y corbata oscura, mirando a cámara.
Elías Castelnuovo — archivo familiar Cartasso

Nacido en Montevideo en 1893 y criado en Buenos Aires desde los doce años, Elías Castelnuovo fue uno de los fundadores del grupo de Boedo: los escritores que, frente a la vanguardia estetizante de Florida, defendieron una literatura realista y de contenido social. Autor de Tinieblas (1923), Malditos (1925) y Larvas (1931), fue una figura central de la izquierda literaria argentina hasta su muerte, en Buenos Aires, en 1982.

Que fuera él quien escribiera la primera crítica no es un detalle menor. Cuarenta años más tarde Cartasso viviría sobre la avenida San Juan, en pleno Boedo, y sería la revista del barrio la que lo entrevistara y lo despidiera. La carta le llegó de la misma tradición que lo alojaría toda la vida: la del arte que mira a la gente.

Medio siglo de lecturas

Quiénes escribieron sobre su obra

Cartasso llevaba su propia lista. La armó al preparar el libro del neograbado, agradeciendo a los artistas, escritores y analistas de arte que respaldaron su trabajo, y anotó junto a cada nombre el año. Entre ellos, algunos de los críticos más influyentes del país.

  • 1956Rodolfo Bracco
  • 1958Alberto Juan Borzone
  • 1963Manuel Mujica Lainez
  • 1965Antonio Osvaldo Iannarelli
  • 1965Julio E. Payró
  • 1965Roberto Benegas
  • 1965Jorge Romero Brest
  • 1966Samuel Grinblat
  • 1967A. M. Campoy — diario A.B.C., España
  • 1967Diario Arriba, España
  • 1967Eduardo Baliari
  • 1968Dora de los Santos
  • 1968Amadeo Dell’Acqua
  • 1969Ángel Silva
  • 1971Aldo Galli
  • 1971Guillermo Warrens Cabral
  • 1972Rodrigo Bonome
  • 1977J. A. García Martínez
  • 1987Emilio Sozio
  • 1994Salvador Linares
  • 1995Rafael Squirru

Pinto-esculturas retintadas.

Salvador Linares, sobre las planchas de neograbado

La fórmula de Linares nombra lo que la técnica tenía de insólito: la plancha intervenida deja de ser una matriz y se vuelve obra —casi pintura, casi escultura, casi collage—. Ver cómo se hacía.

Archivo

De dónde sale esta página

Todo lo de esta página proviene del archivo de la familia: la carta original mecanografiada y firmada, el retrato de Castelnuovo, el relato que el propio Cartasso escribió sobre aquella muestra de 1955 y la lista de críticos que compiló para su libro del neograbado.